¿Merece la pena una impresora 3D en casa?

      Llevamos ya unos años en los que, de vez en cuando, nos dicen una nueva cosa que se puede hacer (o está a punto de ser posible) con una impresora 3D. Aunque a muchos aún les suena a chino y les parece un milagro cuando lo ven, los que estamos más atentos al mundo de la tecnología pensamos ya en el futuro de este invento. Bueno, yo personalmente pensaba más en la cantidad de chorradas que me podría hacer con eso (llaveros, mini-esculturas, caminos para canicas…).

    Quienes me conocen saben que estuve una temporada especialmente pesado con el tema, sobre todo con mi broma de “eso te lo imprimía yo por la mitad de precio… si tuviera una impresora”. No me hacían mucho caso… hasta que un día un amigo de mi padre (que es muy de hacer apaños para sus motos) le dijo la de cosas que podrían hacerse si tuvieran una… Y ahí ya pude ver más cerca mi propia impresora.

    Dejando de lado mi historia personal, muchos os preguntaréis si de verdad merece la pena comprar una. Si dudas, te diría que no. Para trasto coge-polvo ya tienes una bici estática.

Si no dudas y ya quieres una pero no sabes cuál tendrás que responder a una simple pregunta: ¿qué quieres gastar, tiempo o dinero?

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Si tienes tiempo de sobra (y conocimientos básicos de tecnología, por lo menos de ser apañado con la de ESO/Bachillerato) haz como yo y compra una RepRap. O si no alguna con la filosofía del software (y ahora también hardware) libre. Tendrás mucho soporte de la comunidad, cantidad de tutoriales, guías… y problemas. Porque montar las cosas uno mismo tiene su trabajo, sobre todo la primera vez. Más adelante contaré con detalle cómo fue mi experiencia en este ámbito.

Ahora, si tu respuesta ha sido dinero tienes la opción de comprar una RepRap montada (te quita mucho dolor de cabeza) o incluso una más “comercial”, de marca, por llamarlo de alguna manera. Estas son las que habrás visto si te has dado una vuelta por alguna que otra cadena de tiendas de informática y similares. Son esas máquinas que parecen microondas de mil y pico euros. Bonitas, elegantes, sin cables que sobresalen… Cuestan más pero quedan mejor en una casa, para que nos vamos a engañar.

Como habréis deducido de mi compra, a mí me parece mejor opción una RepRap/libre. No sólo son más baratas, sino que algunas de sus partes son imprimibles, así que luego puedes repararla o modificarla cuando ya esté montada. Varias de mis piezas ya están imprimidas por ella misma. La pega es que los cables de los motores y demás están muy visibles y en casa están un poco hartos de tener que ver semejante engendro cada vez que entran al salón.

Montando la impresora: estructura

    Después de ir a la tienda, coger una caja de sabe quién cuántos kilogramos y llevarla desde la capital hasta mi casa en transporte público… ¡la abrí! Igual que cuando éramos pequeños y nos daban un regalo, lo primero que hice fue sacar todas las piezas y separarlas visiblemente por tipos. Aquí cometí el primer error: antes de sacar las cosas piensa si el salón es el sitio adecuado porque quizás te arrepientas después.

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    El caso es que con todo fuera y manual en mano empecé a montar la base, con la esperanza de llegar al final en un par de días. Esperanza que dos semanas después no era más que un recuerdo ahogado en la amarga sensación de haber embarcado en una aventura sin fin. Porque montarla fue toda una odisea. Hubo muchas partes que tuve que montar y desmontar varias veces hasta que acerté con la forma adecuada. Otras que tuve que dejar para luego porque las instrucciones no estaban claras, teniendo que esperar a que la tienda me respondiera a los muchos correos que les escribí.

    Realmente no es tan difícil una vez ya te lo sabes, pero aprender se hace bastante tedioso. Hay muchos eventos de “makers” en los que enseñan, y muchas tiendas se ofrecen a hacerlo también (cobrando, claro está), así que es una opción a tener en cuenta.

Montando la impresora: electrónica y primeras pruebas

    Una vez toda la estructura montada toca cablear todo. No son muchas cosas realmente: 5 motores, la cama caliente, el extrusor y dos sensores de temperatura, todo ello controlado por la placa, que a su vez se alimenta de, evidentemente, la fuente de alimentación. Esto es bastante fácil, suponiendo que no tienes el soldador más cutre del mundo que tu padre compró cuando eras pequeño (como era mi caso). Quitando ese detalle, esta parte fue fácil.

    Todo se complicó cuando calenté por primera vez la impresora y saqué una figura. La primera salió. La segunda no. Vamos, que ni el plástico. Se había atascado el extrusor. Si bien estaba advertido de esto de antemano, me extrañó mucho que esos “frecuentes atascos” fueran una de cada dos impresiones. Tras contactar a la tienda me dijeron que era normal, que a ellos también se les atascan las suyas. Sin creérmelo del todo, busqué y busqué en los foros de RepRap hasta que di con mi problema. Había enchufado el ventilador en la parte de la placa para el ventilador. Parecía lo más lógico, claro, pero resulta que la placa es para el ventilador de capa (cosa que yo no necesitaba), mientras que el ventilador del extrusor va directamente a la fuente de alimentación. Un fallo tonto que no te imaginas ni de broma si te basas en las instrucciones. Básicamente, el plástico se calentaba de más.

    El caso, y volviendo al tema general del montaje, es que salen muchas dudas, muchas de ellas tontas pero que pueden acarrear problemas gordos, así que más vale ser precavido a la hora de montar y no encender nada hasta que no estés bastante seguro de lo que estés haciendo.

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Manos a la obra

    Teniendo ya la impresora montada y funcional, llega el esperado momento de imprimir algo más que cubos de prueba. En ese momento estaba trabajando de monitor en un campamento, concretamente enseñando ciencia y robótica a niños y niñas de hasta 11 años. Como sabréis, Minecraft es un fenómeno a esa edad (aunque prácticamente es exclusivo de los chicos), así que para ganármelos un poco hice un creeper para enseñárselo. No os recomiendo hacer eso, os atosigarán hasta que hagáis uno para cada uno.

    Fue una mala idea, porque el hecho de conseguir una impresión bien no quiere decir que ya esté todo listo, y algunos niños se quedaron sin muñeco. Hay que aprender a ajustar muchas cosas: la base, el grosor de las capas, el relleno de las piezas, la temperatura de impresión… Aunque sea una máquina quien haga el trabajo siempre hay que estar atento, probando distintos ajustes con la misma pieza y viendo qué ha causado que una impresión salga mal. También hay que aprender a imprimir con soportes (para cuando una parte de la pieza está “en el aire”), a cambiar el filamento o limpiar el extrusor.

    En resumen, aunque parezca que imprimir es darle un modelo y que lo haga, requiere mucha práctica, tiempo y pruebas. Así que hay que, igual que para montarla, la paciencia será indispensable.

Primer proyecto: Pocket-Dungeons

    Para cuando tenía práctica había terminado el trabajo y estaba a punto de irme al pueblo. La verdad es que estaba ya muy quemado con la impresora, así que me vino bien alejarme de ella y quitarme la obsesión. Cuando volví tenía ganas de hacer “algo útil”, y no sólo muñecos de Minecraft porque sí. Navegando por Thingiverse, un repositorio de cosas para imprimir, encontré un sets para juegos de mesa. Los que más me llamaron la atención fueron Pocket-Tactics y su “spin-off” Pocket-Dungeons.

    El primero está pensado para imprimir un ejército distinto por jugador, cosa que quizás en universidades o en entornos con varias impresoras esté bien, pero no es mi caso. Así que me decidí por el segundo, que era un set autosuficiente. Como os podéis imaginar, las piezas de un juego de mesa son bastante pequeñas, y siendo figuras para un juego tenían bastantes detalles. Esto supuso un pequeño reto que solucioné de la forma más simple: bajando la velocidad de impresión.

    Avancemos un par de semanas. Aunque no he estado imprimiendo sin descanso, llevo ya un tiempo haciendo figurillas, tallando con el cutter las rebabas, lijando las casillas para que no tengan mucho filo y pegando las mitades de los muñecos con pegamento. Al final acabo de imprimir todo y está listo para jugar… más o menos. Al ser todas las figuras del mismo plástico apenas se distinguen entre sí. Además, en las casillas apenas se distingue el camino que se forma al jugar.

    Para solucionar esto no hay más que hacer que comprar pinturas. Ya me adelanté y compré de 2ª mano unas cuantas de Warhammer a un conocido, pero los colores son muy específicos (gris pared de monasterio, verde baba de zombie, etc), así que fui al chino y compré también unas cuantas acrílicas.

Gracias a que mi hermana fue a pintura y se aburre mucho en vacaciones pintamos las casillas y la verdad es que quedaron bastante bien. Lo único malo es que, si las pones delante de una fuente de luz, se ve que hay menos capas pintadas de las que parece.

Jugando a Pocket-Dungeons

    Olvidemos por un momento todo lo que tiene que ver con imprimir y pensemos exclusivamente en el juego como tal. La preparación se realiza de la siguiente manera:

  1. Se construye la mazmorra poniendo las casillas por turnos. Al principio hay que tener en cuenta un par de cosillas, pero en dos minutos se coge ritmo y divierte bastante, sobre todo cuando alguien empieza a hacer algo de coña y todos le siguen el rollo.
  2. Una vez construida se colocan los tesoros y peligros boca abajo sin saber cuál es cuál. Los jugadores tendrán que explorar la mazmorra y descubrir cada uno de ellos. Los peligros pueden ser trampas (normalmente para el jugador que lo descubre) o monstruos.
  3. Se colocan seis puertas, cada una entre dos casillas conectadas.

    La partida empieza, como en cualquier juego, decidiendo con los dados quién sale primero. En general todo se hace con los dados: descubrir los tesoros, los peligros, los combates…

    Si bien esto tenía buena pinta, una vez te pones a jugar te das cuenta de que las reglas tienen no pocas lagunas, de que el combate, aunque bien definido, no parece muy justo y, lo peor de todo, de que se muere con nada. Es cierto que depende de los jugadores y de las ganas de putear que tenga cada uno, pero es fácil acabar con alguien si se quiere.

    Por otro lado, el sistema de dados creo que no es del todo equilibrado. Este juego utiliza dados de 6 caras (llamados d6 en el mundo del rpg), habiendo que tirar a veces uno, dos o tres (las tiradas se llaman d6 si es un dado, 2d6 si son dos, 3d6 si son tres, etc). En principio, si se usan dados justos, tirando d6 todos los números tienen las mismas probabilidades. Ahora bien, si tiras 2d6, esta equiprobabilidad se rompe, ya que se considera la suma de dos dados.

    Mi sospecha es que esta probabilidad “desequilibrada” no se tuvo en cuenta a la hora de crear las reglas, y sumando eso a los factores que he mencionado antes llego a la conclusión de que no me gusta este sistema. Por suerte el creador de esto ha dicho que van a hacer una nueva versión del juego, que originalmente es de 2013. Sabiendo que sigue trabajando en los juegos de mesa imprimibles espero que salgan reglas mejores. Si no, tocará inventárselas. Pero al final eso es lo bueno de las impresoras 3D, que si quieres hacer algo, ¡puedes hacerlo!

Contenido escrito y redactado por Temporalin.

Guía de configuración de MPC HC con madVR

En plena era de la alta definición, y cada día con ordenadores más potentes y pantallas con más definición, son muchos los usuarios que aún siguen utilizando un reproductor de vídeo anclado al pasado, y que no siempre va a dar la mejor calidad de imagen.

Hubo una época donde los códec de vídeo eran un verdadero quebradero de cabeza, y en esos momentos de oscuridad, llegó VLC (Video Lan Player) y con sus códecs integrados facilitó enormemente la reproducción de todo tipo de vídeos en Windows, Mac y Linux. Sin embargo, son muchas las alternativas, y si bien VLC sigue siendo completamente funcional, es conocido por degradar ligeramente la calidad de imagen, y no es precisamente el mejor reproduciendo contenidos de baja calidad.

Entre las múltiples alternativas disponibles, hay una que destaca sobre el resto, y es Media Player Classic Home Cinema, o dicho en otras palabras, MPC HC. Aunque está exclusivamente disponible para Windows, se actualiza regularmente, su instalador no incluye ninguna trampa publicitaria y ofrece la mejor calidad de imagen.

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